Mucha
gente sabe que el origen de la baraja española y francesa, que se
utiliza para toda clase de suertes de juego desde el mus hasta el bridge, tiene como inmediato precedente el mazo
de cartas del TAROT. Pero lo que resulta oscuro para los eruditos
del teína es el remoto origen de esta última.
De este modo nos es desgraciadamente imposible dilucidar si esa
gama de dibujos alegóricos nace realmente con tinos índicos,
por necesidad de crear un juego de azar, o si al contrario parte
en su esencia un fundamento esotérico como es el de adivinación.
Muchos teóricos ocultistas se inclinan lógicamente,
por esta última hipótesis. Eliphas Levi, un esoterista
contemporáneo (Alfonso Luis Constant) piensa que los naipes
de Tarot constituían en principio un alfabeto sagrado y hermético
que se remontaría a la época de Enoch, primogénito
de Caín. Esta interpretación carecería hoy
de valor histórico, puesto que los estudios bíblicos
modernos demuestran la falta de historicidad de gran parte de los
personajes del Génesis.

La opinión de Gebelin
En 1781 Court de Gebelin ominaba que el Tarot al menos en sus
(o arcamos» mayores se fundamentaba en un arcaico libro egipcio
llamado «EL THOT», y éste á su vez era
un legendario dios, creador de la palabra escrita y de los jeroglíficos.
Thot habría creado un alfabeto perfecto en el que todas
las imágenes posibles se sintetizaban en unos pocos símbolos
que representarían simultáneamente a todos los dioses,
todas las ideas, todos los números y resto del universo.
Gebelin pensaba que los nómadas gitanos extendieron por todo
el sur de Europa, partiendo del alto Egipto, unos símbolos
transformados de ese hermético alfabeto del Thot.
Otros historiadores creen que esas cartas son oriundas de China.
En 1120 se inventó un luego análogo para divertir
a las reales concubinas del emperador.
También existen referencias de origen indio. Allí
se utilizaban como juego unos discos sobre los que aparecen divinidades
hindúes como Ardhanar, figura de carácter andrógino
dotada de cuatro brazos que parece fundir un hemicuerpo de Siva
con el de su cónyuge Devi.
Otras tesis acerca de los orígenes
La tesis de que pudieran aportarla los gitanos no es coherente
con el hecho de que la emigración de esta raza no se materializase
hasta el siglo XV y para entonces los naipes eran familiares en
España, Italia y sur de Francia. Más lógico
resultaría asociar el Tarot al antiguo Chaturanga, precedente
a su vez del moderno ajedrez.
Por último, la tesis más querida por expertos en esoterismo
europeo estipula que el Tarot fue creado por los caballeros templarios.
Orden que al tomar gran fuerza y poder engendró intensas
envidias y odios entre otras comunidades católicas, que se
conjuraron para perderlos.
Felipe IV de Francia los denunciaría por herejes. En 1307
-todos sus dirigentes galos fueron arrestados por la Inquisición.
Entre horrorosos tormentos se vieron obligados a «confesar»
supuestos crímenes horrendos. Un caballero templario conducido
al martirio por introducción en su abdomen de barras incandescentes,
declaró haber sometido a una imagen de la Santísima
Virgen a nefastas profanaciones sexuales. Otros muchos depusieron
entre agónicos lamentos por las sevicias de que eran objeto:
pecados, sodomía y sacrílegas manipulaciones de hostias
consagradas.
Sus posibles creencias gnósticas pudieron haberles inspirado
este arte de mancia a través de la consulta por elección
al azar, de símbolos herméticos.

La formación del mazo de naipes
Si difícil es sondear sus orígenes, más aún
lo es conocer las raíces lingüísticas de la palabra
Tarot. ¿Derivó del vocablo egipcio Ta-rosh que se
traduce por «El camino regio»?, ¿Puede tal vez
engendrarse de la voz hebrea Torah: «Ley»?, Sea como
fuere, y cualquiera que constituya la cuna de los naipes misteriosos:
egipcios, chinos, gnósticos, cataros o templarios, lo cierto
es que Antonio Court de Gebelin, nacido en Francia (Nimes) en 1725,
teólogo protestante y estudioso de las religiones comparadas,
realiza un profundo análisis acerca del íntimo y esotérico
significado de las arcanos mayores y que su discípulo Alliete,
un avispado peluquero, apasionado por el tema, se dedicó
con devoción al arte de la adivinación extrayendo
naipes de un mazo «Ettcilla», como se auto tituló
inviniendo las letras de su patronímico, escribió
su famoso «Maniere de se recreer avecle jeu de cartes nommées
Tarot», editado en el año 1783.
Más tarde: Gerard Encause, otro famoso esoterista fallecido
en 1917, contribuyó a enriquecer el simbolismo del Tarot,
asociándole las 22 letras del alfabeto hebreo. Por último,
Arthur Edward Waite hizo ligeras modificaciones en la estructura
del mazo, hasta presentarlo en su versión moderna.
Las actuales cartas del Tarot
El mazo actual del Tarot consta de un total de 78 naipes. Estos
se dividen a su vez en dos bloques: uno estará integrado
por los llamados Arcanos menores: 56 cartas divididas en cuatro
«palos» clásicos cada uno con cuatro «figuras»
y 10 cartas numeradas correlativamente.
Las figuras expresan reyes, reinas, Caballeros y sotas (que algunos
creen ver precedentes en imágenes de pontífices).
Los significados de los palos resultan también oscuros. La
copa podría simbolizar al santo Grial: el cáliz de
la última cena. La espada sería alegórica:
bien del arma que utilizó el rey David, bien de la espada
con que el ángel expulsó del paraíso a los
míticos primeros pobladores.
Los estudiosos del Temple ven en el Grial y la lanza utilizada
por Longino para atravesar el costado de Cristo una prueba de los
orígenes del Tarot asociado a la hermética orden.
Los «bastos» simbolizarían la rama del árbol
del bien y el mal o bien al árbol de la vida; «oros»
sería imagen de la ofrenda a Jesús en el Nacimiento.
También se asociaron los palos clásicos con otros
símbolos y elementos según se expone en un recuadro
adjunto.
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